Dormir hasta tarde por la mañana, estar por la noche en la calle hasta más tarde aún. Todos los vecinos fuera "tomando el fresco", gente y más gente, jaleo y niños corriendo de aquí para allá. Entre ellos yo.
Hay ciertas cosas que me indican que ya ha llegado el verano: nos dan las vacaciones en el cole y no hay que estudiar ni hacer deberes, hace todos los días sol y calor, pero hay una, hay una que es superespecial y sólo pasa en mi pueblo y en mi calle.
Mi calle es una cañada real, (y ahora también sé que es el Camino de Santiago), y si seguimos la calle, cuando ya se hace camino, hacia abajo, digo yo, pero, en realidad, es dirección Norte, llegamos hasta un puente romano..., si es que mi calle es muy especial, ya lo digo yo.
Me han explicado que una cañada real es un camino por el que suele viajar el ganado, para ir de un lugar a otro cuando cambia la estación, en busca de pastos que comer. Pero el ganado que pasa por aquí..., no es cualquier ganado.
Está recién entrada la mañana y nos despierta un sonido muy particular..., a lo lejos se oyen los cencerros que cuelgan del cuello de los toros mansos que abren la comitiva especial que se acerca..., los toros bravos de algunas ganaderías muy importantes..., y unas voces de niños y vecinos que anuncian su llegada, y con ella, definitivamente, el verano:
Son casi las diez de la mañana, hora de entrar al cole, y ya estamos todas las niñas en el patio del colegio, esperando...
Esperando a que suene en el altavoz que hay en la pared junto a la capilla la música que todas las mañanas se repite..., El lago de los cisnes de Tchaikosvky, aunque, a veces, también suenan Las cuatro estaciones de Vivaldi.
Cuando suene se acabó la tontería, cada una a colocarse en su fila, derechitas y formalitas para cuando la señorita nos indique ponernos en marcha, casi militar, y dirigirnos a nuestra clase.
A mi no me molesta, porque en la fila nos colocamos por orden de estatura, y el primer puesto siempre nos lo estamos disputando dos de mis amigas y yo. Unas semanas es una, otras es otra. No sé si seremos amigas por afinidad de estatura o de carácter, que sería lo más normal, quizás una cosa influya en la otra.
Me gusta llegar al cole y saber que en cuanto suene esa música tan seria que solo escucho allí, mis amigas y yo nos cubrimos las espaldas en nuestra entrada al que será nuestro espacio el resto de la mañana y de la tarde.
Yo suelo tomarme las cosas muy en serio, y mi amiga Loli me va a contar un secreto sobre algo que le pasó ayer. Me hace prometer, jurar no, que nos lo tienen prohibido las monjas, que no se lo contaré a nadie, y, por supuestísimo, que no me ría.
Estamos en mitad del invierno y hace un frío que pela, como es normal en este pueblo mío, que no entiendo por qué la gente que viene de fuera siempre piensa que aquí hace mucho calor, parece ser que es que en Andalucía siempre lo hace, pero mi pueblo, aunque todas repetimos nuestra dirección del siguiente modo:
Yo vivo en la calle tal, de Alcalá la Real, Jaén, Andalucía, España, Europa, la Tierra, Sistema solar, Vía Láctea, el Universo...,
e incluímos Andalucía en la retahíla, debe ser un poco rebelde y no se deja llevar del qué dirán porque aquí, como ya dije antes, hace un frío que cala hasta los huesos.
Ayer por la tarde corría un airazo que se llevaba volando paraguas y más cosas según estoy apunto de enterarme.
Mi amiga Loli, con la que me disputo el cariño y la atención de mi otra amiga, Dori, lo que nos lleva a tener nuestros rifirrafes, es muy muy delgada y vive en la parte más alta de una calle que es muy larga y muy empinada. Ayer cuando subía del colegio con el airazo que corría tuvo que agarrarse a una reja porque se la llevaba el aire.
Me estoy imaginando a mi amiga agarrada con una mano a una reja,
y todo su cuerpo flotando y danzando, suspendido en el aire, al son que dicta el viento...
...es la primera vez que falto a una promesa...
esta no es la primera vez que lo cuento, y,
¡¡¡No puedo dejar de reiiiiirrrrr!!!
jueves, 28 de junio de 2012
¿Me viste llegar?
¿Viste como me iba acercando?
Vi como el manto de la noche lo iba cubriendo todo con timidez.
No queriendo hacerse visible
y así no molestar a las peticiones de los asistentes que, inmersos en sus pensamientos,
anhelan, desean y piden como niños a sus padres
sus caprichos, sus necesidades.
¿Serán concedidos?
Un anhelo que dura un año.
Reunidos a la luz y el calor de la lumbre,
sumidos en un círculo de amor,
alzan sus preces al cielo,
al viento, a los árboles,
a todo ser animado e inanimado,
al cosmos..., a los dioses.
Suena el crujir de las ramas de los árboles,
allí atrás,
a un lado y a otro del claro del bosque.
Unidas las manos expresan sus deseos
para todos..., el bien para todos.
Una ráfaga de viento,
una antorcha que se apaga,
un animal que suena a lo lejos..., el silencio,
sumidos en el silencio y en la comunión.
En muchas ocasiones suceden cosas a los demás que nos hubiese gustado poder contar en primera persona.
Este es el caso, no me sucedió a mí, pero lo viví tal cual lo cuento.
Son las cinco de la tarde y espero a una de mis niñas, B. Esta tarde tenía una fiesta de la catequesis y me temo, que con la fuerte personalidad que tiene, "trabajosa" que decimos por aquí, va a venir bien tarde, ya que ayer tuvimos pelea porque no quería venir..., era evidente, prefería la fiesta a estudiar.
Suena el timbre del portero automático:
-¿Quién es?
- Soy B.
Abro y oigo no solo los pasos por la escalera, sino una respiración fatigada y entrecortada.
Entra y, me asusto y todo el verla:
-¡Pero B, qué te pasa! ¡Estás colorada como un tomate!
- ¡Ay, no sé Pili! Creí que no llegaba nunca!
- ¿Pero es que has venido corriendo?
- ¡No, que va! ¡Si no podía! Es la mochila que pesa mucho.
- ¿Pero qué llevas?
- No sé, si yo cuando salí de mi casa no pesaba tanto.
- Bueno, vamos a mirar dentro a ver que pasa.
Abre la mochila, y con gran asombro empieza a sacar de ella cada pedrusco como los megalitos de Stonehenge, al menos cuatro venían.
¡¡¡¡¿¿¿¿PERO QUÉ ES ESOOOOOO????!!!!
¡¡¡¡LA MOCHILA LLENA DE PIEDRAAAASSSS!!!!
Las carcajadas recorrían cada milímetro de mi cuerpo para finalmente salir a borbotones por mi boca.
-¡Ay Pili no te ríassssssss!!!! Han sido mis compañeros de la catequesis, qué mala........
Y es que no hay nada igual a los niños,
ni a la infancia,
tan inocente,
¡Vaya! Mi amiga y compañera de piso está enferma.
Menuda subida de anginas...
Este año, por ser mi último año, no está yendo muy bien en cuanto a convivencia se refiere.
Mi amiga, aunque hayamos tenido nuestros roces,
es mi amiga,
y ante eso nada se puede hacer...
Estoy sola en el piso,
ella ha ido al médico,
y la tercera en discordia (llamémosla compañera M)
la ha acompañado.
Llaman al portero:
- ¿Quién es?
- Soy Gabriel.
Vaya por dios, este muchacho siempre viene de visita cuando ellas no están,
y yo creo que a quien viene a visitar es a mi amiga, en fin, cosas de la vida, pronto llegarán.
- ¡Hola!
- Hola ¿qué tal?
- ¿estas sola?
- Pues sí, es que L (mi amiga) está enferma y han ido ella y M al médico.
- ¡Ah! vale. ¿Y qué haces?
......
Al cabo del rato, suena la puerta.
- Ahí están ya.
M llega con la cara un poco compungida,
entra casi sin saludar,
como una flecha cruza el salón y se mete, no sé exactamente (...aún)
en qué habitación.
(¿Y a esta qué le pasa?)
Mientras, nosotros tres, charlamos de forma distendida en el salón.
Mi amiga hay que decir que con poca gana.
Una puerta se abre...
un sonido familiar,
un chorro de agua que cae con fuerte presión,
la cual va disminuyendo cuando el depósito al que entra el agua se va llenando...
una ráfaga de aire que entra,
impregnado con un aroma
que no por familiar es agradable respirar.
¡Qué situación!
Los tres dejamos de hablar,
el silencio, por tanto, se viene a ayudar.
Miradas tensas a un lado y al otro...
no sabemos si hablar o, simplemente, dejar de respirar (y por ende, "de masticar")
Tengo serias dificultades para aguantar la risa,
¡pero es que si lo hago tengo que el aire inhalar!
M entra en la habitación como si la cosa no fuera con ella.
(¡Pero so Idiota, cierra la puerta! Me muerdo la lengua para no gritar)
Ayer murió si no el mejor, uno de los mejores amigos de mi padre.
Tomás.
Sé cuánto lamentó la muerte de mi padre.
Podía ver con la soledad con la que se quedó.
Ayer murió y espero que a donde hayan ido,
(si es posible)
ahora estén juntos compartiendo sus charlas
y lo que fuera en lo que ellos emplearan su tiempo.
En una cajita guardo los buenos momentos.
Las personas y los momentos
que parecían ser de una manera que
a mí me gustaba,
que eso era lo que quería para mí.
En otra caja guardo los agravios.
A las personas y los momentos
que se descubrieron tras actos, palabras
que traicionaron la confianza
a veces, ciega, a veces, ingenua,
y siempre, humana y cotidiana.
Espero que cuando parta en mi último viaje
me vaya "ligera de equipaje como los hijos de la mar".*
Sin más que agradecimiento a esas personas,
por haberme dado esos brillantes momentos
que guardo en mi cajita de flores, alegría, luz y calor.
Mi hermana y yo, al ser más cercanas en edad,
solemos tener nuestros rocecillos.
Amigas sí, pero por sobre todo, hermanas.
Yo tengo muy mal genio,
y un arranque, como muy feo;
mi hermana parece tranquila
pero... sólo lo parece.
¿Qué habrá pasado esta mañana que estamos peleadas?
El enfado llega a límites, en esta ocasión, insospechados.
No sé cómo ni de qué manera,
nos vemos enganchadas de los pelos,
y al no querer soltar ninguna a la otra
y no poder descargar el enfado
por tener las manos ocupadas,
tratamos de pillarnos las espinillas dándonos patadas.
Ante el griterío y la algarabía
mi hermano que siempre anda escondido en su habitación,
(hay que comprender que tiene 17 años)
se asoma,
nos mira,
reflexiona, y finalmente, afirma:
- ¡Estáis chalás!
Cierra su puerta y nunca más se supo.
Acto y seguido se oye un sonido familiar,
la puerta de la calle,
(qué tendrá el oído y la inteligencia humana
que sabemos que es la madre
sólo por la forma de meter la llave).
Sin mediar palabra,
soltamos las manos y... pies pá qué os quiero,
cada una a una punta de la casa
y aquí no ha pasado nada.
¿Y si el día se tornase triste? ¿y si el cielo se llenase de nubes y la lluvia no cesara en su afán? ¿Y si la primavera llegara truncada? ¿y si los almendros cargados de flores blanquearan todo alrededor? ¿Y si el día blanquecino y húmedo le diera a todo un nuevo color? ¿y si los días fuesen unos versos? ¿y si los pasos fuesen un comienzo? ¿y si los tiempos no tuviesen un reloj? ¿y si los niños... y si los campos... y si las lágrimas... y si las manos... ..... se llenasen de colores y de almendros en flor?
Abro los ojos, y presiento que este momento será especial el resto de mi vida...
Abro los ojos y los oídos y la nariz a muchas cosas por primera vez en mi vida.
Hoy el día no es luminoso, el cielo está encapotado.
- ¡Qué fastidio! ¿Pero es que en verano también llueve?
- Es una tormenta de verano - me han dicho los mayores que hay conmigo.
Nunca antes me había fijado en esas cosas. Pero hoy sí.
Quizás tenga siete, ocho años; la tormenta ha pasado, como siempre lo hacen, y una figura se ve a lo lejos. Un hombre, no desconocido, simpático y agradable..., maestro, de pie en medio de la explanada, las manos en los bolsillos, quieto, de espaldas. ¡Qué extraño es todo!
-¿Qué hace? - pregunto a mi amiga con la que comparto ese verano.
- Está oliendo a tierra mojada.
En ese momento mis dudas, mis preguntas se detienen y me embarga un para mí desconocido y extraordinario olor, que penetra a borbotones por mis fosas nasales inundando todo mi ser.
¡Ha llovido tanto desde entonces! Pero jamás he dejado de recordar esa primera bocanada del mundo que entró por mi pequeña e inexperta nariz.
Penetro en la albura del espesor de la niebla.
No voy sola.
El agua, que fina, penetra y cala.
Es de noche y todo en calma.
El bullicio de la gente que disfruta en la lumbre
se desvanece.
Y avanzo.
Con seguridad.
Arropada por el único calor,
como el que no habrá otro en la vida:
mis amigos me acompañan.
Y mientras tarareamos, él y yo,
un canción,
me adentro en la espesura.
No veo donde me llevan mis pasos.
No importa.
Pídeme que dé un triple salto mortal,
sin red...
lo daré.
Tengo mucha prisa.
Son apenas las cinco de la tarde, las tiendas recién abiertas y yo apenas diez años.
Pero tengo mucha prisa.
Subo la calle que me dan las patadas en el...donde la espalda pierde su honorable nombre.
No corro, porque en mi incomprensible inocencia pienso que no debo correr yendo sola,
y porque hay que tener ganas de subir corriendo la cuesta de la calle donde vivo.
Pero mi paso ligero hace sonrojar de vergüenza al mejor legionario que se precie.
Llego a lo más alto de la calle, donde está el stop de la carretera, me aseguro bien,
miro a un lado y miro al otro de la carretera, no viene nadie y...
¡Echo a correr! Ahora sí, el momento lo requiere.
Llego a la acera, y empujada por el impulso de mi anterior carrera,
extasiada por su embrujo,
sigo adelante, inconsciente, sin medir las consecuencias de lo que está a punto de suceder.
Llego a la esquina, la doblo y
¡¡¡¡¡¡¡BOOOOOOOOOOOOMMMMMMM!!!!!!!!!
¡Me doy el golpe más grande de mi vida con la que será la barriga más enorme que jamás haya visto y jamás veré!
Como es natural, mi pobre y frágil cuerpecito de niña no puede resistir el porrazo de semejante mole, reboto y caigo de culo (ahora sí) al suelo.
Las gafas hechas un ocho y pegadas a la nariz, el culo dolorido y con lágrimas en los ojos sólo alcanzo a oir, una voz grave y desagradable:
- ¡Niña, mira por donde andas!
Ya no tengo prisa, sólo ganas de llorar, que me aguanto para estrepitosamente soltárselas a mi sufrida madre.
Entre sollozos:
- Mami, me he caído y mira lo que ha pasado.
Se lo cuento, buscando en su mirada y sus palabras consuelo comprensivo pero sólo obtengo un:
- ¡Si es que vas como las locas!
Lección aprendida:
La importancia de doblar bien una esquina.
Nunca la olvidaré hasta el punto de parar, con disimulo, antes de doblarla y comprobar que hay vía libre.
Cosas que pasan.
martes, 29 de noviembre de 2011
"Mi infancia son recuerdos de una patio de Sevilla" (5) decía Antonio Machado, que lo dejó todo dicho ¡y tan bien dicho!
Imitando sus palabras, yo diría que mi infancia son recuerdos de días soleados.
Mi infancia son recuerdos de un mes de junio que llegaba con un sol a caballo triunfante sobre los fríos del invierno. Y de un patio con columpios, árboles y setos imitando un laberinto, salpicado de banquitos de piedra.
Patio añorado, ansiado y deseado de septiembre a mayo.
Bajo las escaleras entre la alegría de todas mis compañeras, ¡es la hora del recreo! ¡por fin!
Ya en el patio, saco la torta de chocolate que mi madre me ha puesto para el recreo.
La torta de chocolate más rica que me comeré en mi vida, mientras bajo un árbol, sentada en un banco, veo como una pequeña lagartija corre despavorida a esconderse entre las hojas de los setos.
Yo siempre soy una niña muy buena. Si voy de visita con mi mamá y me dice que me siente y no me mueva, yo tengo que hacer un sobreesfuerzo para incluso respirar; si ella me advierte que si me ofrecen algo, un caramelo, un dulce..., yo siempre diga que no, a no ser que ella indique lo contrario, yo, a pies juntillas hago caso de lo que dice mi mamá.
Cuando salgo a la calle a jugar, procuro siempre no ensuciar mi ropa, es de lo único que procuro tener cuidado, porque cuando salgo a la calle esa es la única regla.
Bueno no, hay unas más: que no me vaya lejos y que no juegue con niños. Pero, la principal y más importante es:
- ¡No te ensucies Mari Pili!
Y yo siempre hago caso de mi mamá.
Bueno no, a veces no.
Mi amiga Rosi, a la que su mamá no le pone tantas reglas, hoy tiene ganas de hacer algo más divertido que jugar a los hoteles pintados con tiza en el suelo,
- ¿pero hay algo más divertido que eso?
Parece ser que sí. Hoy vamos a cocinar.
- ¿Qué? ¿con qué?
Con el barro que se ha formado ahí más abajo, (¡dios sabe de qué!)
(Está muy cerca de mi casa, si mi madre se asoma por la ventana o sale a la calle me va a ver, pero bueno tendré cuidado y no me mancharé, y confiaré en que mi madre no asome por ningún sitio).
¡Anda! ¡pues qué divertido es! Me lleno las manos de barro, y cuidadosamente elaboro las albóndigas que hemos decidido cocinar. Cojo el barro y delicadamente hago mi pequeña albóndiga, que voy colocando en fila junto con las que mi amiga Rosi ha hecho ya también, creo que las vamos a meter al horno.
-¡¡¡¡¡¡¡ Mari Piliiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!, ¡¡¡¡¡¡venté pa la casa ahora mismoooooooooooooooooo!!!!!!
El corazón se me pone en la garganta. Me han pillao.
- Me tengo que ir, adiós.
Fue más el terror a la regañina que lo que luego pasó, al fin y al cabo casi no me había manchado.
- ¿Pero qué guarrada estabáis haciendo? para pillar cualquier cosa.
Al día siguiente miré con añoranza el lugar donde había hecho mis primeros pinitos con la cocina..., ahí estaban en hilera, como hormiguitas, mis primeras albóndigas de barro a las que siempre seguirá el grito de guerra de mi mamá:
La llama de la vela se balancea sutilmente y desprende un aroma a canela que me hace evocar esos días de fiesta que se celebran con la elaboración de dulces.
La música suena, la música que premeditadamente yo elijo; música que me trae al corazón el palpitar del primer amor; pareciera que añoro la melancolía por el paso del tiempo, pero no, no es esa la razón, ni siquiera me siento triste.
La sangre por mis venas circula más deprisa cuando mis recuerdos afloran, escalofríos que, provocados por algunas músicas de otros tiempos, vuelven hoy y ahora a aparecer.
Quiero recordar, no quiero perderme en el paso del tiempo, y que cuando alguien me pregunte la edad responda un escueto número, y que mi edad sea solo eso, una cifra, un aquí y un ahora, y que yo misma sea eso nada más.
¡No! Soy un ayer y un hace mucho tiempo, una niña y una adolescente. "¡Oh juventud, divino tesoro!"* quédate en mi memoria. Quiero ser la misma que fui, ilusionarme con las mismas ilusiones, emocionarme con las mismas emociones, sentir los mismos anhelos y... nunca alejarme de mí.
Las cosas no han salido como esperaba.
Solemos pensar que las palabras son necesarias.
Los sentimientos van por libre, la lengua quiere callar, en cambio los brazos quieren abrazar.
Mi amigo me habla de cosas, y él, que sabe qué pasa, prefiere no preguntar.
Mi amigo y yo jugamos al juego de las preguntas... "ummm ¿dónde te gustaría estar?" y por arte de magia estamos frente al mar.
Y hablamos, y callamos..., y hablamos..., vemos canciones, y las bailamos, dibujamos películas e inventamos mundos lejanos, del mar a la Luna, de la Luna a Oklahoma, sin dejar de pasar un ratito a pensar por el Sol.
Hablo en silencio, eso es lo que quería, y él escucha atento, a mí y al mar.
Mi amigo y yo, cobijados en un abrazo invisible, inmersos en un remolino de brisa marina, atentos a las estrellas, solos ante la inmensidad...
.......A veces los sueños se cumplen, no te olvides nunca de soñar.
Apenas he dormido en toda la noche. Estoy muy nerviosa y, a juzgar por el alboroto de mis compañeras, que cantan, ríen, hablan, bromean, ellas también lo están.
Subimos al autobús y el alboroto es si cabe mayor. Peleamos y discutimos qué canción cantar, al final unas voces se alzan y guían a las demás. Empezamos a cantar: "¡una sardina (una sardina), dos sardinas (dos sardinas), tres sardinas (tres sardinas)...y uuuuuuuuuuun gato (y uuuuuuuuun gato...)!".
Poco a poco, los nervios ceden y el ambiente se va calmando al son de las canciones; el sonido del motor actúa como sedante, el silencio, a veces roto por una voz que pregunta: "¿cuánto falta?", se apodera del autobús.
Desde fuera se puede ver como las miradas se clavan en el paisaje, todas nos sumergimos en él.
Llegamos a nuestro destino y una parte de nosotras se resiste a bajar...es la añoranza del camino, la pena por el fin del viaje.
Siento su mano como me acaricia el pelo suavemente. Su mirada se me clava en el alma, aunque yo no alcanzo nada más que a percibir el calorcito que siento en el pecho. Me mira y sonríe; y su sonrisa es el arcoiris. Millones de mariposas de colores revolotean locamente alrededor, como cantando una canción que acompañe ese momento mágico en el que tengo la absoluta e incomprensible certeza de que me ama.
A veces se enfada, me grita o me regaña; pero luego veo como su gesto cambia, y la culpabilidad le oprime el corazón con fuerza, porque me ama.
La miro y sonrío y sólo con una palabra todo el amor del mundo sale de mi boca.
Me llamo Pili, mi cibernombre es Aki, y también conocida en otro momento y por circunstancias que no vienen al caso como Sara Sánchez. No es que tenga personalidad múltiple, es que como dice Fernando Pessoa "cada uno es mucha gente" (1), y a cada persona y a cada momento de la vida le vamos dando una cara diferente, aunque para mi desgracia, sea dónde sea y con quién sea yo siempre soy la misma.
La ví a la pobre tan solita ahí en esas florecillas de las macetas de mamá. Despertó en mi la ternura y decidí que debía cuidar de ella, igual que mamá cuida de mí cada día. Que no le pasara nada, porque ya no estaría sola en el mundo nunca más.
Le he preparado sus cositas, que no le falte de nada, tiene hasta su piscina. Yo creo que tiene que bañarse, además hace mucha calor, pero ella parece que no quiere, intenta siempre salir del agua, y mira que yo le explico que es lo mejor para ella.
- ¡Niña!¡súbete ya que vamos a comer!
-¡Ay!, que mámá me está llamando, pero no te preocupes que en cuanto acabe vuelvo contigo.
Y para que no le pase nada, (más bien no se escape), la meto en un botecito pequeño, bien cerradito.
Pero, ¿qué ha pasado? Mi pobre mariquita ha muerto, con todos los cuidados que yo le he dado.
¡Yo no puedo vivir sin ella!, la echo tanto de menos.
Buscaré otra (a rey muerto, rey puesto).
- Acércate, mira, es mi mariquita.
Y vuelta a empezar. Pero no recuerdo la suerte que corrió esta segunda mariquita, seguramente le perdí el interés...y es que segundas partes nunca fueron buenas.
Si pudiera volar en lugar de andar la lejanía del horizonte no sería tal. Mi vida transcurriría en un lento caminar, despacito, pausado y tranquilo avanzar. El bullicio a mi alrededor no vendría a molestar, sería música agradable y este cansancio que a veces me inunda no haría a mis lágrimas brotar.
Sería todo tan fácil si al hablar las palabras no molestaran, si pudiéramos hablar sin más, sin juicios ni miedos, simplemente sentir, pensar, hablar y amar.
Si en lugar de andar pudiera volar, podría ser ... y nada más.
Escuché palabras, dije palabras, oí palabras, descifré palabras, las presentí e incluso las adiviné.
También obvié palabras, pensé palabras, memoricé palabras y hasta las odié.
Las pinté y coloreé, las mimé y las amé.
Palabras que llegaron a mi vida y pintaron un mosaico; palabras que se fueron y dejaron un rosario. Palabras que a mi vida abandonaron y palabras que mi vida inventaron. Palabras que siento, palabras que reinvento y, a veces lamento. Palabras que nunca, nunca se lleva el viento.
Hoy me han dicho que tengo que hablar sobre mi casa; me ponen nerviosa las redacciones, nunca sé si estoy diciendo lo "correcto"...
Mi casa, según me han dicho es pequeña, pero yo creo que es muy grande, no sé, quizás es porque al ser yo pequeña todo me parece grande. Es de muuuuuchos colores, pero el que más se ve es el azul, a veces mezclado con blanco, también tiene marrón y verde. Cuando la observo siento mucho cariño por ella, es como si mirara a mi madre, porque me da cobijo y me protege, además de haberme dado la vida, ¡y es tan bonita! Solo con mirarla siento su calorcito. Si yo pudiera enviaría a todos esos hombres que mandan tanto a barrerla y dejarla perfecta; a mí, mi mamá me ha dicho que lo que yo ensucie lo tendré que limpiar, que no es justo que los demás tengan que pagar por lo que yo haya hecho.
- ¡Hola guapa! ¿dónde vas?
- Ahí que tengo que hacer unas cosillas.
- Pues a ver si quedamos y hablamos con calma.
- Nos damos un toque, ¿ok?
- Ok, ¡nos vemos!
- Adiós.
-¡Hola!
- ¡Hola! ¿qué vas para arriba o para abajo!
- Para arriba, voy a mi casa.
- Yo también, ¡vamos!
(.............................)
- Venga, chao.
- ¡Adiós!
- ¡Adiós Ángel!
- ¡Adiós maja!
Saco las llaves del bolso y entro en mi casa con una amplia sonrisa. El mundo entero ha entrado conmigo por la puerta.
Abro los ojos, y presiento que este momento será especial el resto de mi vida. El día es luminoso, un sol radiante entra por la ventana, ¡qué agustito he dormido! Es tarde, creo, no sé, para mí el tiempo no tiene importancia, sólo que empieza un nuevo maravilloso día de verano, sin nada en qué pensar, qué hacer ni por lo que preocuparme..., nada más que dejarme llevar y dejarme mimar. Siento que soy feliz, ¡qué agustito se está aquí! Tendré que levantarme, pero ¡es que me gusta tanto escuchar caer el agua en el pilón! sé que si me levanto la magia desaparecerá.