viernes, 28 de diciembre de 2012

Resistirse a morir


Extraño el aspecto y extraño el sentimiento que despierta lo abandonado...,
a pesar de su apariencia sucia y descuidada conserva toda su dignidad,
el carácter regio que le proporciona su supervivencia al tiempo.


Resistirse a morir sin dejar detrás de sí su huella.


Resistirse a morir y dejar de ser parte
del espectáculo que supone la vida misma...,
resistirse a dejar de ser actores principales
en la "gran comedia de la vida".



martes, 11 de diciembre de 2012

El organillo


Recuerdo desde siempre ese organillo en mi casa.

Es de color granate, con dibujos de color amarillo y azul y con una pequeña manivela en el lado derecho, de color amarillo también. No es grande, aunque tampoco es pequeño y es un juguete. En su interior alberga una caja de música, que al hacer girar la manivela, empieza a funcionar, al igual que lo hacen los organillos típicos madrileños que salen en las películas de chulapos. Y de su interior salen fragmentos de zarzuelas famosas.
Aunque se trata de un juguete, es demasiado valioso para que mi madre nos lo deje a nuestro gusto. Así que más bien se ha convertido en un objeto de decoración, que de vez en cuando, sólo de vez en cuando, nos deja usar y siempre bajo su supervisión.

Estamos de limpieza general en mi casa. Todo está por el medio. Cuando, sin proponerlo ni prepararlo, los tres hermanos reparamos en que el organillo está solitario, en el suelo, junto a la ventana...

¡sin supervisión!

Los tres nos vamos en su busca. Y los tres queremos hacer girar la manivela. Mi hermano, que es el mayor, trata de poner unos turnos, pero yo ya me conozco sus turnos, (igual que cuando prometió a mi madre que me enseñaría a montar en bici. Otro día hablaremos de eso).

Ni mi hermana ni yo, nos fiamos de él, y empiezan los problemas. Porque sus turnos siempre son mucho más largos, y además trata de hacernos tontas, como si girar una manivela fuese una cosa para lo que hubiese que haber llegado ya a octavo de E.G.B.
Comenzamos un nuevo juego que cuando somos chicos se nos suele dar muy bien, el forcejeo y los tirones del objeto de deseo. Hasta que, el pobre organillo se resiente, y le rompemos la manivela.

A mi hermano, mi hermana y a mí, casi nos da un soponcio.

Mi hermano se hace cargo de la situación rápidamente, para eso es el mayor, que se encargue él, ahora sí. Y actúa, como no esperaba menos de él, de forma responsable. Piensa brevemente y toma una decisión:

- A callar todo el mundo. Que le pegamos la manivela y no se entera nadie.

Y eso hacemos. El arreglo ha quedado muy chapuzas, pero hemos probado a girar la manivela y si no se gira durante mucho rato, aguanta. Así que, decisión unánime sin decir palabra:

- Nunca más querremos tocar el organillo.

Han podido pasar más de veinte años desde ese día. Y volvemos a estar de limpieza general, cuando sorpresivamente aparece escondido en los armarios el mutilado organillo. Mi madre cuando lo vio exhaló un suspiro de alegría y melancolía.

- ¡Vamos a hacerlo sonar! ¡qué sonaban las zarzuelas que a mí me gustaban!

Previamente mi hermana y yo nos hemos percatado de que el pegamento con el paso del tiempo se ha resentido y la manivela se le ha caído.

Cual niñas pequeñas, mirándonos con cara de complicidad, tratamos de persuadir a mi madre..., pero no surte efecto. Mi madre se hace con el organillo y...

-¡ Ay! ¡¿Pero qué le ha pasado!?

Mi hermana y yo, incapaces de no decirle la verdad se lo contamos. A pesar de ser ya personas adultas, tenemos  miedo al contárselo, esperando la bronca que nos caerá.

Cual es nuestra sorpresa cuando la única reacción de mi madre es mirarnos con cara de "si pudiera os arrancaba los pelos ahora y aquí mismo", y decir una de esas frases típicas maternales que hace referencia a esas necesidades fisiológicas que todo el mundo tiene y que, en momentos de estos de sumo cabreo tienden a hacerse, de palabra, eso sí, sobre la madre que lo trajo a uno al mundo, o sea, sobre ella misma.

Y justo en ese momento, he comprendido, que mi relación con mi madre ya no es la misma, y que, aunque, yo siga temiendo que se entere de cosas y le siga guardando secretillos; y ella misma, siga regañándome cuando algo no le parezca bien y queriendo que me coma incluso hasta lo que no ha cocinado, el trato para con sus hijos ha cambiado, y ya nos trata más de igual a igual. Y justo en ese momento he comprendido, que  mi niñez hace tiempo que quedó atrás.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Kaleidoscopique moon


Cuando en 1816 el físico escocés  David Brewster inventó el caleidoscopio sabía muy bien lo que hacía.
Creó un objeto, el cual desde su origen se consideró un juguete. Pero no es cualquier juguete.
Su nombre está compuesto por varias voces: del griego Kalós, que significa belleza; éidos, que significa imagen y scopéo que significa observar.
Observar imágenes bellas o también podría ser, observar la belleza en forma de imágenes. Yo me quedo con la segunda.

La luna. Ese satélite que gira incansable alrededor nuestro, como haciéndonos la corte, es el encargado de manejar nuestras emociones, así como también lo es el agua. Símbolos inequívocos de los más profundo del ser, del sentimiento, de la emoción primitiva, primordial, que domina el alma, la cual después domina el cuerpo. De ahí que sea ella, la luna, la que en mayor medida, controla las mareas. Pleamar, ¡qué bonita palabra! La marea alta, cuando las emociones no se esconden y están a flor de piel.

Un caleidoscopio no es cualquier juguete. Recuerdo con una claridad exquisita, el primero y único que he tenido oportunidad de ver hasta el día de hoy. Fue cuando yo era pequeña y recuerdo, que de todos los juguetes que había en una caja donde se habían almacenado muchos juguetes distintos, era el único por el que las dos o tres niñas que allí estábamos nos peleábamos por tener. Su contemplación llevaba al embeleso. No es un juguete para entretener, sino para cautivar, observando la belleza que se crea en su interior, por medio de un sencillo mecanismo de espejos, con las más diversas y hermosas imágenes. Cambiantes con un ligero movimiento circular, como el de la luna.

No hay nada más hermoso que mudar las emociones, y sentir, sentir, sentir…, y apenas reflexionar. Dejarse llevar de ese movimiento circular que transforma belleza en más belleza.

La luna caleidoscópica que la llamo, la dueña y señora de mi mundo interior, a veces, es oscuro, bajamar, provocando estados de insomnio, aunque nunca infructuosos.  Otrora, pletórico, pleamar,  dibujando  siempre un cuadro de imágenes bellas, que no son ni más ni menos que mi propia vida. Siempre, emocional.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Si no quieres que tu vida se convierta en Kippel*


En una serie de televisión escuché una frase que decía más o menos así:

" No soy quien digo ser ahora, sino quien he sido a lo largo del camino".



 De ahí la importancia del pasado.

La opinión general es que no es bueno mirar al pasado...,"ni para coger impulso".

Pero el pasado va siempre por delante de nosotros, diciendo quiénes somos.
Aunque a mí el pasado me atrapa por otra razón.

En una tarea rutinaria de esas que se posponen y luego tanto se disfrutan, he encontrado algo que escribí cuando aún no tenía 22 años cumplidos, en una especie de diario donde solía escribir de vez en cuando, pensamientos, reflexiones, experiencias, que de alguna manera me habían marcado. Todo ello en una libreta, con aroma (del que ya, evidentemente, no queda nada) y dibujitos, de las que ya he hablado con anterioridad, que me regalaron en mi décimosegundo o décimotercer cumpleaños, pero que seguí usando hasta bastante tiempo después, parece ser.  En ella guardaba también: los horarios de clase de primero de BUP y COU, una selección de nombres que me gustaban para mis futuros hijos, y una pequeña colección de estampitas de la serie Fama que salían de regalo en los chicles del mismo nombre. Y para mi sorpresa me he encontrado con esto:

El pasado no se puede recuperar, pero se pueden almacenar cachitos;
para luego, algún día, en el futuro, cogerlos y pegarlos.
Verás la vida pasar como en fotogramas de una película.
La vida hay que aprender a vivirla;
yo no he aprendido demasiado bien.

Fechado el 11/Agosto/1992

Dejando de lado el hecho de que con la edad que tenía no hubiera debido sentirme tan derrotada, de hecho, era el momento en que estaba aprendiendo a vivirla, me llama la atención que a esa edad, para mí ya era importante el pasado.

El pasado no es ni más ni  menos que nuestra propia vida. Es lo que nos ha hecho como somos ahora. Sin nuestro pasado, es como si no hubiéramos vivido. Es la prueba irrefutable de nuestro paso por este mundo y por la vida de las personas.

Recordar lo bueno y desechar lo que haga daño (desechar que no olvidar).

Recordar nos otorga el privilegio de volver a vivir tantas veces como uno quiera.

Recordar evita que toda nuestra vida sea devorada por el kippel*.

*Kippel: son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después que se haya gastado la última, el envoltorio de un chicle o el diario del día anterior. Cuando no hay gente, el kippel se reproduce (...) el kippel expulsa el no-kippel (...) nadie puede ganar al kippel, a no ser, quizás, de forma temporal y en un punto determinado.  (Término sacado de la novela de ciencia ficción ¿Sueñan los androides con ovejas
eléctricas? Philip K. Dick)

domingo, 4 de noviembre de 2012

Mi coche y después yo


Mi coche es un habitáculo cerrado.
Un vehículo normal, rojo,
y tiene por función la misma que
todos los de su género...,
o eso creía yo.



Mi coche tiene la peculiaridad de otorgarme momentos.

1.- Como pasar junto al paseo, un día caluroso,
aunque ya otoñal,
a media tarde, y detenerse en una fila larga de coches,
esperando a que alguien le permita el paso.
Y en esa espera me ofrece una estampa
de lo más divertida, tierna y jovial.
La fuente del paseo está funcionando,
con los nuevos caños que hay fuera de ella,
formando a su alrededor una barrera de agua
que a los niños tanto les gusta derribar.
Dos gorrioncillos se refrescan entre el agua,
dando pequeños saltitos y sacudiendo sus alas.

Me permito la licencia de oirlos y verlos sonreir y jugar.

2.- Como aparcar un poco más abajo de mi casa,
junto al muro de la residencia,
quedando parados justo en frente de la finca.
El día vuelve a ser soleado.
La canción que escucho aún no ha terminado
cuando mi coche para el motor.
Decido quedarme dentro, al calorcito del sol,
a escucharla terminar mientras dejo que mis ojos
se pierdan en la lejanía, en la inmensidad.
Se cansan de mirar tan lejos y se centran en las ramas
que se acumulan en la zona.
Ramas de un riachuelo que casi no existe,
pero que ahí están, dando fe de la existencia
del hilo de agua que ahí tiene su lugar.

Y son cuatro, cuatro las palomas que levantan el vuelo
todas a la par.
Y enredadas en el aire empiezan a bailar,
danzando una coreografía sincronizada, improvisada
pero que la bordan espectacular.

Me permito la licencia de escucharlas perdirme que les suba el volumen
para así mejor danzar.

3.- Como llevarme de camino a Granada,
donde me esperan.
Y siendo de noche, no quiere que me pierda esos detalles en el cielo,
los que con bastante frecuencia, se me muestran.
No es tiempo aún, pero mi coche me lleva justo en el momento y al lugar
donde por el parabrisas veo una estrella fugaz.

Me permito la licencia de verla dibujarme en el cielo oscuro un saludo.

4.- Como traerme de vuelta a casa una noche lluviosa.
Y de nuevo impedir que acabe la canción.
Y así permitirme escuchar como arrecia la lluvia fuera,
mientras me susurra que espere a que escampe.
- Si aquí sentada no se está mal.

Y ahí me quedo escuchando como la lluvia me reclama desde fuera,
golpeando suavemente en el techo, en el cristal.

Y me permito la licencia de verla llorar,
dejando caer sus lágrimas por toda la superficie rojiza y acristalada del lugar.

miércoles, 31 de octubre de 2012

A modo de epitafio


La vida es tan fascinante, imprevisible y maravillosa...

Desde el nacimiento vamos rumbo al destino final
marcando unos pasos.
Vamos cumpliendo con los deberes que tenemos como vivos,
y así, vamos viviendo de un modo que
creemos es el adecuado.

A veces, lo es, otras veces, no,
pero en el camino es difícil saberlo.
Es pasado el tiempo cuando las cosas
cobran un verdadero significado.

Lo he dicho muchas veces,
y ahora me repito:
estoy viviendo el mejor año de mi vida,
a pesar de no ser, para ello, el más adecuado.
En cada esquina que tengo que doblar
la vida me sorprende al paso,
y con lo que más me gusta en este mundo:
el amor y el afecto.

Marcaré este año en el calendario.
Porque en él he visto
las huellas que he ido dejando por el camino.

En algunos círculos me llaman:
la del mundo paralelo (tanto que me gusta usar ese término)
y, ahora, voy viendo todos esos mundos posibles que hubiera tenido,
esas vidas paralelas que se muestran frente a mí,
y que lejos de darme tristeza el no poder vivirlas,
me alegra el atesorarlas,
porque no son más que la muestra
de las huellas que he dejado en las personas,
de que he sabido estar con ellas,
y que mi vida, contra mi propio pronóstico
la he tenido y la tengo llena.

Tengo cuarenta y dos años recién cumplidos
(en primicia mi edad de forma pública),
y hoy puedo decir que
es el primer día del resto de mi vida.




lunes, 29 de octubre de 2012

Cuando saludar no era tarea fácil



Adolescencia o más bien primera juventud.

Todo en mi vida ha de ser perfecto. Perfecta la ropa con la que me visto, perfecto mi peinado, perfectos mis andares, perfecta mi forma de hablar..., perfecto mi comportamiento y hasta mi pensamiento, nada en mí puede resaltar de forma que pueda provocar la risa o la no aceptación de los demás.

 Soy adolescente y todo, absolutamente todo, me da vergüenza. 

Soy Mari Carmen, hermana de Pili. Voy por la calle caminando sola. Es la hora de la comida, por lo que la calle está desierta. A lo lejos veo al señor que me suele atender en el banco, viniendo hacia a mí. Soy nueva en estos menesteres, por lo que las personas que trabajan en ese lugar, por agradables que sean cuando allí voy, me parecen unos hombres tan serios, tan de otro mundo...

Todavía estoy lejos, así que me da tiempo a pensar con qué fórmula lo voy a saludar cuando pase por su lado, aunque antes reflexiono sobre la cuestión:"antes, saludar a las personas por la calle era fácil, muy fácil.  Con decir adiós al pasar junto a la persona era suficiente. Pero llegaron momentos de cambio, y el sencillo y exclusivo adiós se transformó en otras múltiples posibilidades, a saber: hasta luego, nos vemos luego, nos vemos, ¡ei! o incluso, saludar con un hola en la que es propia e inherente situación del adiós".

Finalmente me decido por utilizar el adiós de toda la vida..., sí, es más formal, y la situación lo requiere. Aunque claro, un ¡hola! queda más simpático, más jovial, y él es tan simpático conmigo cuando voy al
banco. Aunque claro, que si le digo hola y él me contesta adiós, uf, qué corte ¿no?, pero ¿y si voy y le digo adiós y él me dice hola?
El momento inevitable se va acercando. Ya casi lo tengo al lado.

¡Ay!, no sé, creo que me decido por el adiós, quedo mejor. Si sí, adiós es lo mejor, creo, no sé...

Piensa piensa rápido, que ya está aquí: ¿hola o adiós? ¿hola o adiós?

Abro mi boca y, en su interior, mi lengua describe un juego de giros difíciles de controlar y, entonces sale de ella un sonido que no acierto a saber si es ruido o palabra, sonido o...

- ¡¿dios miooooooo, pero qué es lo que he dichoooooooooooo?!

Sigo mi camino adelante, con la cabeza alta y sin mirar atrás, mientras en mi cabeza resuena el nuevo saludo que acabo de inventar:

- BURUDÚM, ¿BURUDÚM? si, hija sí, le has dicho BURUDÚM.



jueves, 18 de octubre de 2012

Huétor Santillán (Crónicas de una excursión)


EPÍLOGO

Recuerdo el pequeño parque, tan íntimo, de pueblecito pequeño, y un sol luminoso y calentito a primeras horas de la tarde, esperando el autobús que nos lleva de regreso a la realidad.

Entramos en mi primer piso de alquiler, sito en la calle Dr. Blasco Reta, plaza de toros, mi primer piso de estudiantes, cutre, pequeño y oscuro, lo que es un piso de estudiantes al uso. Y allí están mis compañeras y, si la memoria no me falla, también está Rubén, que no vive con nosotras porque no se trae la ropa y tiene que ir a su casa a asearse y cambiarse, que si no...
Recuerdo todo el salón y la entrada lleno de macutos y gente, todos tirados por el suelo. El tiempo en estas fechas está un poco loco, y siendo Granada, hace calor. Algunos piden algo de beber y...

Lales y yo nos miramos con cara de compinches...

-¿Queréis leche especial que hemos comprado?
- ¿Leche especial?
- Sí. Es leche con sabores.
- ¿A ver? Sí, sí, a ver que la probemos.
- ¿Quién quiere de fresa? ¿y de pistacho? y ¿de la especial de color azul?

Nuestros amigos no salen de su asombro cuando aparecemos con vasos que contienen líquido de distintos colores: rosa, azul, verde...

Al probarla, todos la misma exclamación:

- ¡¡¡Sabe a lecheeeee!!! ¡¡¡Esto es leche normaaaaaaaaal!!!

Y vuelven las tonterías tontas (para cuidarnos bien la salud).

Hace unos días, al ir a hacer la compra, se nos ocurrió comprar un paquetito de unos líquidos, colorantes para las comidas. Y no paramos de tomarnos la leche fría y sin el apetecido Cola Cao o el necesario café, sólo por tomarnos la leche de distintos colores.

No hay como tomarse un buen vaso de leche azul para culminar lo que, aunque nosotros no lo sabemos todavía, se convertirá en un fin de semana que nunca nunca se olvidará.


Me hubiese gustado acabar este relato con la inscripción que hay en la fachada principal de la Casa de los Recuerdos, pues así se llama el lugar. El último día, casi unos minutos antes de volver, la copié, pues merecía la pena tenerla. Apelaba a lo maravilloso del lugar y a los recuerdos que en sus visitantes dejaba grabados, quedando el espacio impregnado de esos sentimientos que la casa despertaba. Y, en realidad, solo había verdad en esas palabras.
Quisiera pensar, que su pérdida fue un plan elaborado por el destino, para que pasados veintitrés años, yo con estas palabras (que vienen a salvarme cada día) pudiera, de un modo más íntimo y personal, llegar a lo más profundo de los recuerdos míos y de mis amigos, y susurrarle al aprendiz de adulto que eramos entonces, que sigue dentro de cada uno de nosotros, que no lo hemos olvidado, y que, seguimos siendo fieles a los afectos que él nos inspiró en aquellos momentos y en aquellos maravillosos años.

                         
                                                                        FIN

Dori, Llado, Nanny, Perico, Pilar, Rafa, así como de actores secundarios Lales, Rubén y yo misma, saludamos al público y cerramos el telón. (Más los que no están por Facebook, y los perdidos por el mundo, que damos gracias, son los menos y seguimos recuperando). Un placer que fuésemos nosotros y no otros los compañeros y amigos en esta historia.

Huétor Santillán (Crónicas de una excursión)



Partida de la Casa de los Recuerdos

VII. UN DESPISTE, UNA VENTANA ABIERTA Y UNAS PIERNAS QUE APRENDIERON A VOLAR

Las horas van pasando al abrigo de la lumbre. Las tinieblas de la noche después de lo de nuestro amigo haciendo de Tarzán ya se habían agotado. Así que nos dispersamos por el salón, arrellanándonos en los sillones, charlando, riendo, haciendo confidencias..., pero hubo algo que no cambió en toda la noche, y fueron las salidas en pareja al servicio.

Todavía nos estamos riendo a cada rato de la ocurrencia de Perico, cuando hubo una nueva salida del salón..., estamos tranquilos y relajados, y también empezamos a estar cansados, porque la noche está ya bien entrada. Cuando de pronto oimos un portazo. La reacción fue unánime:

-¡¡¡¡¡¡LA PUERTAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!

Demasiado tarde. Se había cerrado. La expresión de nuestras caras y el terror que reflejaban significaban solo una cosa:

- ¿¡ay dios, y ahora que hacemos!?

De momento, cónclave en el salón.

Primera idea:

- ¿Habéis cerrado la puerta principal?
- Sí, la cerramos cuando nos entramos a cenar, de todos modos, podemos ir a comprobar.

Todos en pandilla, (nunca mejor dicho) salimos por las ventanas del salón, (porque ni la llave de esa puerta tenemos) y todos juntitos vamos a comprobar que la puerta esté cerrada. Efectivamente, lo está.

Entre el desconcierto y adaptación a la actual situación, de pronto a mí me entra la risa, y se me ocurre decir:

- ¡Qué gracioso! ¡Nos hemos quedado encerrados en la calle!

Tal era la situación. Estábamos encerrados en el salón, pero a la vez, nos habíamos quedado en la calle. Curiosa situación que supimos manejar de la forma más serena y consensual, vamos lo que fue un trabajo en equipo bien hecho, pero con un único protagonista, convertido en héroe por largo tiempo.

- Venga todos a pensar, ¿se ha quedado alguna ventana abierta?

Todos dándole vueltas a la cabeza a ver quién se había dejado alguna ventana abierta, hasta que ¡por fin!

- ¡¡¡¡¡¡Siiiiiiiiiiiii, la ventana del baño se quedó abiertaaaaaaaaaa!!!!!!

Todos juntos, salimos por las ventanas, en pandilla de nuevo, a la parte de atrás. La noche  más oscura no podía ser, y nosotros sin una tristecica linterna. Como podemos, localizamos la que es la ventana del cuarto de baño y, ¡loado sea el cielo! está justo al lado de una parra que hay allí plantada.

Parte de atrás. Con los años presenta este aspecto

Ahora la cuestión es: ¿quién se sube? porque subir puede ser relativamente fácil (para los niños..., que no tanto para mí ni para las restantes representantes femeninas que estábamos por allí) pero entrar a la casa, solo, y atravesarla, solo, eso amigos, eso, ya es otra historia.

Una voz se alza fuerte, segura, dispuesta y varonil. Es Llado, que sin pensárselo dos veces, (y mejor que no lo hizo) dice:

- ¡Yo lo haré! ¡Yo subiré hasta la ventana, entraré en la casa y os abriré la puerta!

Dicho y hecho. Se le oye fatigado un poco al subir el trecho, hasta que al entrar por la ventana..., desaparece ante nuestros ojos.

Una vez desaparecido corremos a la puerta principal, todos en pandilla, a esperar que nuestro héroe del momento nos abra la puerta.

Pasa un breve espacio de tiempo hasta que...

¡AL FIIIIIIINNNNNNNNNNNN! Se oyen una llaves que trastean en la puerta y Llado aparece, todo sonriente, y con la satisfacción del trabajo bien hecho.

Suspiros de alivio por doquier, y golpecitos en la espalda:

- ¡Gracias tío, gracias!

Mientras él se deja querer en el baño de multitudes.

Algo dejó insinuar del *gusanillo de susto que le recorrió el cuerpo cuando allí se vió solo y, en algunos momentos, a oscuras, hasta llegar a los interruptores de la luz. 

Aunque los años han cambiado las circunstancias de cada uno, y han conseguido difuminar un poco el recuerdo de todos estos hechos, lo que no han conseguido ha sido quitarle el título que se ganó por derecho, ni hacernos olvidar quiénes somos y los afectos que en todos esos años nos forjamos.

* Palabras de Llado años después recordando aquel épico momento: "Todavía se me ponen los pelos de punta al recordar que salté por una ventana y bajé cagando leches para abrir la puerta...tanto santo y tanta monja en las paredes....¡¡¡la virgen qué cague!!!"

miércoles, 17 de octubre de 2012

Huétor Santillán (Crónicas de una excursión)

 VI. UNA CERVEZA, UN PERICO Y UN "LO OIGO Y LO HUELO...¿PERO DÓNDE ESTÁ?

Terminamos de pasar la tarde disfrutando de la casa y del paisaje alrededor. Entramos, salimos, nos quedamos un ratito al poquito sol que va quedando, damos alguna vuelta por los alrededores. ¡Esto es vida! No pensamos en nada más, porque no hay nada más en qué pensar, sólo disfrutar en un entorno excepcional, en una casa maravillosa, con entidad propia, rodeados de las personas que, en esos momentos, más valoramos, apreciamos y queremos en nuestras vidas: nuestros amigos.

Poco a poco la noche se va acercando y con ella, las ganas de cenar y de que empiece la diversión (¡¿qué tendrá la noche?!)

Cenamos de manera frugal en la cocina y ya estamos dispuestos para entrar en acción. Hemos llevado algo de bebida, aunque no mucha, principalmente cerveza, porque a "los niños" eso es lo que más les gusta. Y lo que suele ser lo normal en estas ocasiones, jueguecitos de esos del que pierde, bebe. No quiero participar en el juego porque no me gusta la cerveza, así que no presto la suficiente atención a las reglas, sólo sé que Llado casi se nos queda allí aquella noche...
 A su lado está Luci, y él está ya cansado de que siempre le toque perder. Así que toma una decisión drástica:

- Si he de beber lo haré como dios manda.

Cogió la litrona de cerveza y, sin pestañear ni movérsele un pelo, la empinó y se la zampó entera del tirón. Lo que sigue se lo pueden imaginar..., correr a más no poder a la calle para regarla con el líquido espumoso que salía sin piedad por boca, nariz, y hasta lagrimales, si me apuran.

Toda la noche está salpicada de salidas, por parejas, que van de visita al servicio..., todos sabemos los efectos que tiene en la vejiga de las personas, la cerveza.
Hay un único cuarto de baño en la casa. Está en la primera planta, próximo a todos los dormitorios. Ir solos, incluídos los varones, es un lujo que a esa hora y en ese lugar, no nos podemos permitir..., el miedo a cruzar la capilla, y subir las escaleras, adornadas las paredes, con algún que otro cuadro de santos, manda.

- ¿Quién viene conmigo al servicio?
- ¿Otra vez?
- ¿Y qué le hago? ¿Salgo por la ventana y hago fuera?
- No, no, que hace frío y está todo superoscuro, fuera no sale nadie. 
- ¡Veeeeenga, que yo voy!

A la vuelta del servicio, entrando en el salón, todos a coro:

- ¡CUIDADO CON LA PUERTAAAAAAAA! ¡QUÉ NO SE CIERREEEEEEEEE!

Entre el jaleo han empezado a saltar voces que reclaman que juguemos a las tinieblas de la noche. El lugar es el idóneo desde luego. Apagamos todas las luces, pero aún así está la luz del fuego de la chimenea. Tras pensar un rato qué hacer, decisión unánime:

- Nos trasladamos al otro extremo del salón para que el hogar no alumbre tanto.

Y todos de mudanza.

El salón está lleno de sillones, así que es fácil esconderse y, también tropezar para aquel que vaya buscando y los que traten de alejarse de él.

Tras varios turnos de juego, le toca "quedársela" a Dori. Entre risas, tropezones, empujones y demás, poco a poco vamos cayendo todos...menos uno.
Dori no para de dar vueltas y tocar cabezas, y meter dedos en el ojo, pero no hay manera de encontrar a Perico. Ella está desesperada porque ya no sabe por dónde buscar (nadie lo sabemos realmente):

- Lo oigo y lo huelo... ¿PERO DÓNDE ESTAAAAAAAÁ? (Lo que oímos es a Perico que no para de reir y de decir que nunca lo encontraremos).

Tras mucho rato deambulando unos y otros, tiramos la toalla.

- ¡Qué alguien dé la luz y a ver dónde está!



 Muerto de risa está, no nos podemos explicar, cómo ha podido aguantar todo el rato que ha durado el juego, charlando, bromeando y riendo... ¡colgado de una de las vigas del techo del salooooón!



martes, 16 de octubre de 2012

El origen*


                                                                                                  EL ORIGEN
Han satisfecho su placer prohibido. 
Y del lecho se levantan, 
vistiéndose apresuradamente sin hablarse. 
Abandonan por separado, furtivamente la casa; y
mientras 
caminan algo inquietos por las calles 
parece como sí sospecharan que algo en ellos traiciona 
en qué clase de lecho cayeron hace poco. 

Pero cuánto ha ganado la vida del artista.
Mañana, otro día, años después escritos serán 
   los versos vigorosos que aquí tuvieron su principio.     
* (K.Kavafis)

Cuando comencé a escribir,
cada vez que mis dedos tecleaban unos versos sentía miedo.
Miedo de que no volvieran a mi las palabras,
de haberme quedado vacía para siempre,
y nunca más tuviera algo que contar,
algo que escribir.
Ahora ya no es miedo, solo un ligero y secreto temor,
a que, un día todo esto se acabe,
a vaciarme por dentro como un pozo se seca.

Hoy, muy de mañana, he leído estos versos de Kavafis y,
he comprendido, con júbilo y esperanza,
que mientras haya un cuerpo que abrazar, un pelo que acariciar,
unos labios que besar y un alma que anhelar...,
siempre habrá palabras que despertar de su  limbo de orfandad y
con ellas, unos versos que cantar.

domingo, 14 de octubre de 2012

Ideario


Lo cierto es que la vida está llena de misterios.

Ella misma es un misterio en sí misma.

Lo único real, tangible y verdadero
son los afectos.
Las vidas de las que nos rodeamos
y a las que queremos.
Unas por imposición biológica
y otras por propia elección.

En el aire revuelan ideas encontradas.

Grandes hazañas épicas
que nacen de lo más íntimo del corazón:
solidaridad, empatía..., amor.
Y en el otro extremo, egoísmo, avaricia, odio, envidia...

Galopando entre el bien y el mal,
y, a pesar de las aberraciones vistas
en nuestra historia pasada y la actual,
siempre me inclino por el lado del bien,
porque confío en que el ser humano,
teniendo opción de elegir,
siempre lo hará por el lado correcto
porque es el lado por el que estamos aquí.


video



jueves, 11 de octubre de 2012

Huétor Santillán (Crónicas de una excursión)




V. UN CAMINO, UNAS ZARZAS Y UNA MANO LLENA DE ESPINAS (RECTIFICADA)

Hemos terminado de comer, recogido, fregado y colocado todo.

Es hora de partir a nuestra excursión.

No todos se animan a la caminata después de comer.

Perico y Cati van en cabeza, no esperan a nadie, cogen camino y manta y a subir.

En segundo lugar, vamos Rafa y Pilar, Dori, mi compañera de piso, Ana, que se unió al fin de semana y yo.

Y en tercer lugar, Nanny, que se ha animado a venir a la excursión de improviso, por lo que va en último lugar.


Al igual que ni rastro vemos de Perico y Cati, nosotros le llevamos bastante delantera a ella.

Yo no es que sea muy aventurera, la verdad es que me han convencido y casi a la fuerza estoy subiendo. Un poco insegura y no sabiendo muy bien en qué pueda acabar todo esto.

Desde donde estamos, se ve que un poco más arriba hay una pequeña explanada, es decir, la cuesta descansa en ese tramo, para luego volverse más empinada hasta llegar finalmente a la cruz.
Yo lo tengo claro, he venido pero a la cruz no llego. Mi aventura se acaba en la explanada, y me vuelvo a la casa.

Mientras vamos subiendo, Dori, empieza a quedarse un poco rezagada del grupo, al tiempo que no dejamos de escuchar, bastante detrás, a Nanny quejarse:

-¡Ay! ¡qué me he pinchao!

-¡Oyeeeeee, esperaoooooossssssssss!

-¡Ay, ay qué me voy a caeeeeerrrrrrrr!

-¡Qué me caigoooooooooooooo!

Según ella confesó posteriormente, la cuestión era que no sabía andar *. A su modo de expresarse, esto viene a significar que no sabía andar "por los terrones", porque a las edades que arrastrábamos en ese momento ya habíamos tenido tiempo suficiente de aprender a andar, unos mejor que otros, claro está.

Como Dori se ha quedado un poco atrás, trata de ayudarla, no queriendo esperarla del todo por no descolgarse mucho, pero animándola a que se diera más prisa y nos pillara. Y claro, hay veces que en lugar de ayudar, deberíamos ir a darnos un paseito lejos, muuuuuuuy lejos.

- ¡Nanny, Nanny, mira, vete para aquel lado que parece que está más llano, y te costará menos
trabajo!

La insensata le hizo caso y entonces fue cuando sucedió lo que ella misma venía vaticinando, que al final...

...se cayó,

con tan mala fortuna que fue a parar con sus manos en unas zarzas todas cubiertas de espinas.

Ya no eran quejas, era llorar a grito pelao.

Como llevaba todo el camino quejándose, no le hacemos mucho caso. Hasta que oímos que Dori, que ha ido en su busca, dice que hay que volver, que efectivamente, se ha hecho daño.

Como estamos bastante más arriba, preguntamos si necesitan ayuda, pero nos dijeron que no, que ya se volvían ellas a la casa.

Recuerdo ver desde arriba a la pobre, caminando con una mano levantada y la palma hacia arriba y con la otra apoyándose en un palo, que hacía las veces de bastón, mientras no encuentra manera de consolarse ni de su dolor ni de su llanto.

Seguimos nuestro trayecto hasta coronar, lo que para mí era el final de la etapa.

 
Ya estoy de regreso en la casa, y me encuentro que Perico y Cati ya han vuelto, han rodeado todo el cerro. Como hace buena tarde, todos los demás están fuera, en la puerta de la casa, sentados en sillas  y tumbonas que han sacado de la casa, tomando el sol al más puro estilo rural.

La pobre Nanny lo está pasando realmente mal. Tiene toda la palma de una mano cubierta de pequeñas espinas que no lo están poniendo nada fácil. Algunos lo han intentado pero han desistido, porque parece ser que no hay manera de sacarlas.

Hasta que ha llegado Perico. No sabía nada de su caída, pero cuando ha llegado y se lo han contado, se ha sentado a su lado y en toda la tarde no ha levantado la cabeza de su mano hasta que no ha sacado la última espina. Gesto que con toda seguridad, guardará Nanny en su memoria con total y absoluto agradecimiento.



*(No hace mucho tiempo en el momento presente, he vuelto a escuchar esta misma expresión, lo cual, esta vez, no me ha provocado la risa, como en aquel entonces, más bien, me dejó un molesto desasosiego. Hago una pequeña salida a un lugar bastante cercano a Alcalá, muy bonito, el cual yo no conocía, con una pareja, amigos míos, a una de ellos ya la conocéis, por Tonterías tontas y Aromas. Pero esta historia ya la contaré.)

domingo, 7 de octubre de 2012

Huétor Santillán (Crónicas de una excursión)

ESPECIAL NANNY

 "Hay que dejar madurar la fruta de la vida
para entender que cada uno tiene su manera,
y que no es malo ni bueno,
solo un tesoro particular." (La segunda madrina, Insomnia)


El primer recuerdo que tengo, fresco y claro, de mi amiga Nanny no está fechado. Sólo sé que eramos muy chicas. Ella es compañera de mi hermana en el cole, nos conocemos de allí. Aunque yo soy año y medio menor que mi hermana, siempre hemos ido juntas, así sus amigas son mis amigas, y viceversa. Es el cumpleaños de otra compañera de su clase, Ana, y nos ha invitado a su casa para celebrarlo. Recuerdo patatillas, fanta..., lo normal, y los regalitos que cada una le hemos llevado. Conservo aún algunos de los regalitos que me hicieron a mí por este motivo, y siempre despiertan mi ternura. Son cositas chiquitas, casi todas, las compramos en una librería que sigue aún hoy, en el Llanillo, aunque en ese tiempo era muy distinta. Son pequeñas libretas de la tarta de fresa, muñequitos con olores (el mío es de limón), lápices forrados de un fino plástico de colorines con dibujitos de animalitos..., y un sinfín de cositas tontas pero ¡qué gustan tanto! Cosas de niñas, pequeños tesoros.

Estamos todas sentadas a la mesa, y Nanny está frente a mí en el sofá. Recuerdo que estamos riendo porque ella está contando algo sobre que se ha caído en algún sitio. Mientras nos está contando lo que su madre le dice al respecto:

- Mi madre dice que siempre estoy en el suelo, que parezco una burra vieja...


... se cayó del sofá.

Y esas fueron nuestras primeras risas con "las cosas" de Nanny.

Quería dedicarle este Especial, porque ella reúne unas cualidades en su carácter y su manera en el mundo, que después de conocerla, no puede uno remediar quererla. Puntual como ella sola, sensible, de buen carácter (es imposible discutir con ella) y de tan fácil perdón..., siempre dispuesta a ayudar en lo que uno necesite de ella, generosa..., un poco dejada en ciertas cosas y distraída a la hora de elegir las palabras al hablar..., podría seguir, pero baste decir para que todo el mundo lo entienda: una chica entrañable y la madrina oficial.

sábado, 6 de octubre de 2012

Huétor Santillán (Crónicas de una excursión)

 IV. UNA CRUZ, UNOS ESPAGUETIS Y...UNA LATA DE TOMATE

Acabamos de desayunar y nos desperdigamos por la casa y afueras, cada uno a sus cosas. A lo lejos, pero no muy lejos, hay un pequeño cerro y en su cima tiene una pequeña cruz. Pequeña porque la vemos desde lejos, porque una vez allí no lo era tanto.


 Ya tenemos plan para hoy. Después de comer haremos una excursión hasta la cruz.

Entre pitos y flautas la mañana va pasando y llega la hora de ponerse a hacer la comida.
Hemos llevado preparativos para hacer arroz, el sábado, y espaguetis, el domingo. Dori, es declarada la cocinera oficial.
Una de nosotros, Nanny, no quiere comer arroz. Aunque vaya a comer lo mismo, prefiere comer espaguetis los dos días.

                                                     
- Bueno, lo que tú quieras, pero    
   hoy háztelos tú.
- Vale, no hay problema.






Nanny:

Echa agua a la olla, le echa al agua la sal, coge los espaguetis y... al agua. Pone la olla al fuego y a esperar.

Dori:

Pela la cebolla y la pica, lo mismo con el ajo, pimientos y tomates...todo a la sartén.

(Nanny esperando)

Coge la carne, la limpia y la trocea.

(Nanny esperando)

Prepara el sofrito, dora la carne...

(Nanny esperando)

Todo a la olla, últimos retoques y... ahora el arroz.

(Nanny esperando)

- Oye Nanny, ¿todavía no están los espaguetis?

- No, no sé, esto no tiene fuerza, no hierven ni a la de tres.

- ¡¡¡¡¡Nannyyyyyyyyyyyyyyyy, que no has encendido el fuegooooooooooo!!!!

...Y aquí fue cuando empezaron las aventuras y desventuras que le sucedieron a la  desdichada en esta excursión.

Tras encender el fuego y esperar a que se hiciera la pasta, buscamos entre las cosas que hemos llevado, el tomate frito y, cuál es nuestra sorpresa cuando descubrimos...

 ¡¡¡qué lo hemos olvidado!!!

En la mente de todos resonaron las palabras de Perico de la tarde anterior:


 "- ¿Para qué queremos esoooooooooooo?

- Yo que sé, por si nos hace falta... "


... y nos hizo, vaya si nos hizo..., que nos hubiéramos comido los espaguetis en blanco si no hubiera sido por la ocurrencia de Perico, este nuestro previsor y sagaz amigo.

jueves, 4 de octubre de 2012

Huétor Santillán (Crónicas de una excursión)

 III. LA CASA

 ¡Por fin en la casa!

Rápidamente subimos las escaleras y, claro, reparto de dormitorios, mantas...

Todo el rellano desde donde se distribuyen los dormitorios está repleto de armarios empotrados; las puertas de madera desde el suelo al techo, pintadas de color marrón oscuro, lo cual le da al ambiente un aspecto regio y señorial.

Rafa tiene especial empeño en uno de los dormitorios:

-¡qué síiiiiiii! ¡qué ese pa tíiiiiiii!

(Si total, no sabemos cuál puede ser ese interés.)

 Entre el jaleo y el desorden:

- ¿quién quiere más mantas?

- Yooooooo, dame una más que no llego tan arriba.

- ¿Tiene todo el mundo lo que necesita ya?

- ¡Síiiiiii!

Pues venga, a ver cómo nos vamos a repartir.

Rafa con cara de pillo y de esconder algún secreto, se dirige hacía una parte del armario, abre una puerta,
lo que pensamos que será para coger algo más de ropa de abrigo, pero no, cual es nuestra sorpresa cuando, al abrir completamente la puerta, esta deja al descubierto lo que..., será su habitación, camuflada en el propio armario.

- ¡Claro! ¡qué morro tienes!

A lo que encongiéndose de hombros responde:

-¡Ah! ¡Se siente!

Ya hemos terminado de acomodar las cosas y a nosotros mismos en los distintos dormitorios. Ha llegado el momento de explorar la casa.

Refectorio
Realmente la casa es magnífica. Y eso que es de noche y no nos hacemos bien a la idea. Tiene pequeños saloncitos por todos lados donde poder escabullirse llegado el caso. En particular, hay uno que da a la calle por su parte principal. Dí con él la mañana del domingo. Pequeñito y amueblado todo de mimbre..., mientras por la ventana entraba el sol a borbotones a través de una clara y liviana cortina de visillo. Una gran cocina, donde poder cocinar para muchas personas, a su izquierda un comedor muy particular, más bien, es un refectorio, a modo de convento, pero lo que más nos llama la atención es el salón principal. Va de un extremo a otro de la casa, se podría decir que la mitad de toda la planta baja es ocupada por este espectacular salón, que se convertirá en el centro de casi toda nuestra actividad este fin de semana. En un extremo de la vasta habitación hay una gran chimenea, la cual, por la noche, por supuesto, habrá que encender. Los techos abuhardillados, con grandes vigas que van del centro a cada extremo del altísimo techo. Y unos grandes ventanales de madera que abarcan toda la fachada por esa parte de la casa.

Pilar, organizadora del viaje
La casa tiene varias entradas. Una puerta de tamaño normal, por la fachada principal, que es por la que hemos entrado, y la que usaremos normalmente. Otra por la cocina, es decir, por la parte de atrás, y otra por el propio salón, cuya puerta es a juego con las ventanas. Si no te andas con cuidado la casa se puede convertir en un laberinto de puertas, ventanas, entradas, habitaciones, salidas..., y para no llevarnos ningún susto, nada más entrar decidimos dejar las llaves en una mesita que hay justo al lado de la puerta, al alcance de todos. 

Fachada principal-Puerta del salón
¡Ah! ¡Se me olvidaba!

Después de lo que sigue, la casa por la noche ya no volvió a ser la misma. Hay que explicar que este lugar es propiedad de una congregación de religiosas de Granada, por lo que, evidentemente, hay un detallito que no podía faltar: la capilla.

Esto ya, como que dió un poco de repelo al personal, pero, en fin, siempre se puede ir en parejas a todos lados ¿no? La capilla está justo al lado del gran salón, y para entrar y salir del mismo e ir a cualquier otra parte de la casa, la única opción viable es hacerlo por la capilla (porque salir a la calle, o bien por la puerta del salón o por las ventanas, y volver a entrar por la puerta principal como que no).

Otro detalle a tener en cuenta es que la cerradura de la  puerta de la capilla está un poco estropeada, sólo se puede abrir por la parte de la propia capilla, si se llegara a cerrar estando todos en el salón...

(CONTINUARÁ...)


martes, 2 de octubre de 2012

Huétor Santillán (Crónicas de una excursión)

II. UNA LATA DE TOMATE Y EL LADRIDO DE UNOS PERROS

Tranquilamente y de buen ánimo empezamos a levantarnos y recoger las cosas para ya, por fin, irnos de allí.
De pronto, Perico pasa junto a nosotros rumbo a la calle como alma que persigue el diablo, sin mediar palabra y sin dejarnos siquiera preguntar qué le pasa.

No le damos demasiada importancia, porque el entusiasmo por los días que nos esperan no deja lugar a otras inquietudes o curiosidades, además cualquiera sabe en lo que andará metido, ya nos enteraremos. Y en esas salimos a la calle para emprender el camino.

(Soy de la opinión, dando por completo la razón al refranero español, sabio como pocos, que quien tuvo retuvo y guardó para la vejez. A Perico no lo conocí hasta ya cumplidos los quince años, pero me hubiera gustado conocerlo en su niñez... por mucho tiempo que pase, hay un niño dentro de cada uno de nosotros pugnando por salir cada vez que tiene ocasión.)

Una vez en la calle, los que han salido antes han formado corrillo en torno a él, que muerto de la risa, enseña con orgullo y divertimento su última fechoría..., la lata de tomate que furtivamente ha sacado del bar  y que guarda escondida entre sus ropas de abrigo.

- ¿Pero para qué queremos esoooooooooo?

- Yo que sé, por si nos hace falta.

Nos reímos y bromeamos pero eso sí...

- Con la lata de tomate cargas tú, que para eso es tu capricho.


Partimos. Con ilusión cogemos el camino. No hemos dado tres pasos cuando ya es noche cerrada. No había dicho que la casa está a las afueras del pueblo por lo que el camino no tiene alumbrado municipal.  Apenas si vemos por donde vamos, pero bueno, la casa está ahí ya, no vemos donde pero ahí está. Pasamos por delante de otra casa que hay en un pequeña cuesta que hay que subir. Vamos cansados, quejándonos, aunque bromeando por ahuyentar un poco el miedo que en el fondo sentimos por la oscuridad que nos rodea. Y de repente, el ladrido y gruñido exagerado, bestial, desesperado de unos perros que protegen su casa, por la verja que se querían saltar los animalillos. El ladrido se confunde con nuestros gritos por el susto descomunal...echamos todos como locos a correr...menos Rafa, que consideró que saltar a los brazos de Dori para que lo protegiera lo iba a salvar con mayor seguridad de los perros, en caso de que estos llegasen a saltar la verja.

Después de esto, ya todo daba igual, el camino que quedara y la oscuridad que nos acechara por delante, porque la risa y el buen humor ya no nos abandonó en el trayecto que nos quedaba por recorrer.

(CONTINUARÁ...)
 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Día de insomnio


Mis gatos duermen todo el día, se lamen y acarician,
se dan calor, y
como una losa cae sobre el mundo
el oscuro y  triste otoño,
que con su lastimero llanto
contagia a todos su penosa canción.

Un día entero en casa tratando de escribir.

He buscado buena compañía,
hoy, libro de cabecera:
 "Mi corazón al desnudo", C. Baudelarie,
y ahí está Charles, en la portada del pequeño libro,
no me mira,
mira al infinito,
pero me intimida,
y en bajito pienso,
"¡qué será lo que pretenderé escribir yo
con tremendo gigante a mi lado, casi mirando!"

Hoy quiero escribir...

...encefalograma plano.



Huétor Santillán (Crónicas de una excursión)


 

I.   UN VIAJE

Fue recién entrada la primavera del año 1989. En los primeros días del mes de abril. Y aunque en este mes de abril el frío se resistía a irse, el sol trataba de ganarle la batalla, así que los días se presentaban soleados para recordarnos el verano que se aproximaba sin remedio y, fríos, para no olvidar de dónde veníamos.

La idea era desde hacía tiempo hacer una escapada de fin de semana, que sería la primera en la vida de algunos de nosotros. Fue Pilar, la que insistió en organizarlo, y llevarnos a una casa maravillosa, preciosa, (y todos los "-osas" que se le podían añadir) en el municipio granadino de Huétor Santillán. 

No costó mucho organizarlo, todos estábamos deseosos, así que viernes tarde, y aquí estamos nerviosos, ansiosos y desesperados por montarnos en el autobús que nos acerque un poco más a todo un fin de semana de diversión, de fiesta y de esa camaradería que compartimos desde hace tiempo y que tanto nos gusta.

Somos once los que vamos pero llegaremos separados, porque algunos de nosotros están trabajando y no pueden venirse tan pronto. Otros cuantos somos estudiantes universitarios de primer año; somos los que nos vamos de avanzadilla.

Cuando lleguemos tendremos que esperar al segundo grupo en el "mini bar" del pueblo que hace las veces de estación de autobuses. Porque ni sabemos donde está la casa, ni tenemos llaves, porque como ya dije antes, es Pilar la que "dirige la maniobra".

Llegados al lugar, sólo nos queda esperar sin saber muy bien ni qué hacer. Nuestra actividad mientras esperamos consiste en hacer el tonto, bromear, charlar y...poco más.

Llama bastante la atención de este, cuanto menos, pintoresco lugar, la cantidad de latas gigantes de tomate frito que hay. Todas apiladas formando altas columnas. Creo que no he visto tanto tomate junto en ningún sitio que no fuera un supermercado y, aún así...

Sigilosamente, como suele hacerlo, la noche va llegando, y con ella los que faltaban. Por tanto, ya estamos dispuestos para emprender el corto camino que nos separa de nuestro breve pero festivo destino...

(CONTINUARÁ...)

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Caerse (STOP)

Caerse (STOP)
Caerse en mitad de la calle (STOP)
Caerse en mitad de la calle a una hora punta (STOP)
Caerse en mitad de la calle a una hora punta delante de tus compañeros (STOP)
Caerse en mitad de la calle a una hora punta delante de tus compañeros y con las manos ocupadas (STOP)
Caerse en mitad de la calle a una hora punta delante de tus compañeros y con las manos ocupadas con dos tortas de chocolate (STOP)
Caerse en mitad de la calle a una hora punta delante de tus compañeros y con las manos ocupadas con dos tortas de chocolate cada una en una mano (STOP)

Hora del recreo (STOP)
Turnos para salir a comprar bocatas y tortas, a elección de cada uno (STOP)
Inma y yo tenemos turno hoy (STOP)

Cruzamos la carretera (STOP)
Hacemos cola, compramos encargos y salimos de nuevo a cruzar la carretera (STOP)

Una torta de chocolate en cada mano (STOP)

Me dispongo a elevar mi pie para subir el pequeño escalón que hace el suelo con el asfalto de la carretera, (¡maldito asfaltado desnivelado!) (STOP)

Mi nariz estampada contra la carretera (STOP)
Las manos en alto cada una a un lado (STOP)
Un zapato por ahí esturreado (STOP)

¡¡LAS TORTAAAAS!! (STOP)

Las tortas totalmente intactas (STOP)

Las tortas totalmente intactas con cinco dedos cada una incrustados (STOP)



domingo, 16 de septiembre de 2012

La segunda madrina


El momento de mi nacimiento marca mi carácter...
y no sé si por suerte si por desgracia,
este me obliga a pensar...,
a echar a rodar mi cabeza
en un movimiento circular
sin principio ni fin.




Pensamientos que han forjado un mundo interior,
un mundo propio y particular
donde me encuentro en mi lugar.

Hablo de mí
aunque, en realidad, no soy yo.
Es el mundo en el que vivo el que me inspira,
con sus gentes, con sus músicas, con su arte,
con sus colores, con sus olores,

con sus niños,

con su humor y alegría,
con sus problemas, con sus vidas,
a veces, con su crueldad,
a veces, con su ternura.

No puedo vivir sin la gente,
me encantan y me superan las risas, las bromas,
el afecto y el cariño sincero...
que solo lo encuentro y me satisface
en mi familia, en mis amigos..., en mis niños.

Hay que dejar madurar la fruta de la vida
para entender que cada uno tiene su manera,
y que no es malo ni bueno,
solo un tesoro particular.

Por ello, doy las gracias a los que me dan su cariño...
y un beso precioso diciéndome:

" ¡ay, si es que esta Pili no cambia!"

Impuntual, un poco lenta al pillar chistes, ingenua y crédula...

pero con una gran capacidad para disfrutar, apreciar
y amar profundamente a los que me aprenden a valorar.

viernes, 14 de septiembre de 2012

La tontura* hecha pregunta

No hay nada más tonto que un adulto,
y si es un zapatero, ya para qué vamos a hablar más.

Hay veces que la sorpresa que nos llevamos con sus preguntas absurdas
es mayúscula.

A mi amiga I se le han roto sus zapatos,
y he ido con ella a llevárselos al zapatero para que los arregle.

Pasados unos días hay que volver para recogerlos.


Vuelvo a ir con ella el día señalado.

Entramos al tallercito,
impregnado del olor a cuero, cola y suelas desgastadas.

Pregunta el zapatero:

- ¿cuáles eran tus zapatos, niña?

¿¡Hábrase visto pregunta más insulsa, sin sentido, tonta al fin!?

Y como no es de extrañar, responde mi amiga con aplomo y desparpajo:

- ¡Pues unos que estaban rotos!

Si es que la infancia o, en este caso, la preadolescencia es lo que tiene,
que las cosas son lo que son
y tó lo demás sobra. 

* Voz autóctona de mi pueblo para referirnos a la tontera: tontería, simpleza. Definición tomada del   
 Diccionario de la RAE.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

"Mari Pili y Adalberto..."

Noche de trasnoche, según parece.
Hoy el sueño se niega.
Y aunque no pretendo hacer de este blog un diario, 
la técnica hoy me falla, y ante la falta de un blog que inspire, pido cobijo a mis cometas, 
que sé que me lo darán, 
pero sólo hasta que Miscelánea deje de serlo,
aunque quizás aquí se quede para siempre. 

Noche de músicas, como no, mi musa...

En tirantes y pantalón corto, 
abierta la ventana, y por dejadez, la lámpara del techo encendida.
Y una música que, al estilo del mejor Cyrano, 
"con una voz que me trae recuerdos de un modo veloz".





Son las tantas en la madrugada, 
y yo sola, con un silencio que aplasta, 
me enfrento conmigo misma,
y ante un pequeño radio cassette 
toda la noche la música suena.
El cansancio puede conmigo, 
pero ¡aún queda tanto que estudiar!
Si supero la barrera de las tres de la madrugada
quizás pueda llegar al amanecer, 
porque si me acuesto ahora, 
mi plan de madrugar...
me conozco y no va a resultar. 
Descanso un poco, 
dejo la mirada perdida en el infinito
y me concentro en la música,
y en la voz del locutor que transmite saludos
de otros chicos que están como yo
(mal de muchos...),
cinco, diez, quizás quince minutos.
Un sobresalto en el estómago me trae de nuevo:

- ¡el examen!

Y vuelta a empezar.

Unos pasos sigilosos se oyen en el pasillo,
una puerta que se abre, 
es mi padre, que con cara adormilada y sonriente pregunta:

- ¿no te acuestas todavía?

Y así van pasando las horas, 
entre folios, subrayados, repeticiones y canciones.

Son las siete de la mañana y esto, ya se ha terminado.
Desde las seis espero con impaciencia a
"Mari Pili y Adalberto, un matrimonio perfecto",
historietilla breve y graciosa que anuncia 
"el fin de fiestas". 
En un rato se levantan los hermanos,
prisas y nervios,
desayunar y a clase. 

miércoles, 29 de agosto de 2012

¡¡Qué bien huelen los pinos!!

Cuando lo normal no era que los padres nos llevaran en coche a todos lados,
las amigas sabíamos cómo convertir los casi dos kilómetros que nos separaban del agua fresquita de la piscina en un trayecto divertido, único e inolvidable.

Vamos en dirección a la dehesilla, al chaletito de una amiga. Procuramos planearlo con tiempo para pillarle la vez a alguno de sus hermanos mayores, que claro, si ellos van primero, a ver qué pintamos nosotras allí.

Aunque creo recordar, que pasaba casi todo el verano y las caminatas eran casi a diario, después de comer,   y en pleno verano. Eso son ganas, todo lo demás es tontería.

Para llegar al chaletito, tenemos que sortear diferentes obstáculos.

El primero de ellos, la caminata. Para hablar del segundo obstáculo tengo que explicar que estamos creciendo, y nuestro cuerpo está cambiando. No estamos del todo acostumbradas a sudar como personas mayores, y el hecho de ver como la ropa se empapa de sudor, y, en particular, por determinados lugares abdominales por debajo de ciertas protuberancias, nos llama bastante la atención..., parece como si quisiéramos competir a ver quién tiene las manchas más grandes... todos entendemos lo que eso significa. El calor, el segundo obstáculo, expuestas casi a una insolación. Pero qué es lo que tendrá la infancia, la adolescencia y, sobre todo, la amistad, que amortiguan todos los inconvenientes, y si me apuran los dolores.

Para ir al chaletito tenemos que salir del pueblo por su zona  industrial, a la cual se ha ido pegando el mismo, hasta ya no diferenciarse una del otro. Y en particular, hay una fábrica, de piensos de animales. Tercer obstáculo.

- ¡Preparadas para aguantar la respiracioooón!

Y entre bocanada y bocanada de aire para no asfixiarnos, nos debatimos entre reírnos por el pestazo o vomitar por el mismo pestazo.

Finalmente, llegamos. Y como locas, corremos, y fuera ropa y fuera mochilas, y...

- ¡¡¡¡a la piscinaaaaaaaaaa!!!!

Jugamos, salimos y nos volvemos a tirar, aprendemos a hacer cosas, perfeccionamos estilo, nos damos ahogadillos...

Y pasado un rato cansadas de agua, hay que pagar el tributo por tan gratos momentos.

Hay que regar los setos que rodean la parcela. Manguera en mano, a echarles agua fresquita y bendita a lo que llamamos nuestros pinos. Hemos tenido que poner un orden diario para el riego, porque más allá de ser una tarea ardua, todas nos peleamos por llevarla a cabo , y es que

¡¡¡Es casi divino el aroma que desprenden nuestros pinos cuando los regamos!!!







viernes, 10 de agosto de 2012

Cuando somos chicos


Cuando era chiquita me resultaba difícil entender por qué si ya era tarde y yo estaba que me caía de sueño mis padres ante mi insistente reclamo:

- ¡Vámonos yaaaa!

siempre respondían con sincera condescendencia:

- Ya mismo nos vamos...

... pero esos "ya mismo" se convertían en espacios de tiempo eternos y absolutamente aburridos. 

Ese espacio de tiempo que para mí era pesado, aburrido, eterno, para ellos era otra cosa...

Momentos de descanso de un día de trabajo, de problemas en la cabeza, de hipotecas, de no llegar a fin de mes, de los niños con sus problemas, que no son sólo de ellos, sino que desde que vienen a este a mundo siempre serán compartidos con sus progenitores...,
problemas, problemas, problemas...
problemas que por unas horas se van a incordiar a otra dimensión, porque ellos están en buena compañía, la de sus amigos de toda la vida...
y, por esos breves momentos, dejan de ser adultos con sus rollos y vuelven a la adolescencia, a esos momentos de total relajación y absoluto disfrute, de la vida y, principalmente, de la amistad.





(Siento el final del vídeo, pero es genial, como todos los que hacen)

Dedico este texto a Gabriel, de cinco añitos, hijo de mis amigos Isa y Ani, al que anoche le tocó ser el protagonista de esta situación.                                         


Amigas ("¿pero quién plantó los olivos?")




Son las siete de la tarde.

 - ¡Vamos Pili, que llegamos tarde! ¡Qué yo me voy ya! ¡Siempre llegamos tarde por tu culpa!

 La historia de una vida y de una impuntualidad.

 Vamos al cortijo de mi amiga Dori,  vamos a diario a echarle de comer a los perros.

Hasta el momento es mi amiga Dori la única de nosotras que conduce, y además, de su Peugeot 205 blanco, tiene, para ir al campo el Land Rover de toda la vida, de su padre.

De todos es sabido, que estos todo terreno, tienen pocos detalles, tan pocos tan pocos, que apenas hay ni dónde agarrarse... ¿tenía cinturón de seguridad?

Si las que vamos al campo somos tres, nos colocamos todas delante, pero si somos más las que vamos, entonces toca decidir quiénes vamos delante y quiénes detrás. Ni que decir tiene que los asientos de detrás, son llamados asientos por decir algo.

Ya estamos en camino, vamos tres, o sea, todas delante.

De pronto, cuando estamos en pleno viaje... ¡uf! menudo susto, vaya un frenazo que ha tenido que dar. Mi amiga Nanny y yo nos escurrimos para delante y casi nos tragamos el parabrisas.

No ha pasado nada, seguimos trayecto.

¡Wauuuuu! ¡otra vez! ¿pero qué pasa hoy? Otro frenazo, y otra vez la misma situación..., apenas son seis Kilómetros lo que nos separan de nuestro destino, pero la mitad del camino es carril, y yo no he visto conducción más agresiva. Vamos dando tumbos y frenazos sin parar, mi amiga Nanny y yo no paramos de gruñir y protestar mientras tratamos de sujetarnos como sea.

Hasta que pasado un buen rato descubrimos a Dori que ya no puede aguantar más la risa.

Desde aquel día, el camino al cortijo ya nunca fue el mismo, se acababa de convertir en una atracción más de feria, tratando de averiguar con excitación dónde será el próximo frenazo mientras que entre divertidas y compungidas tratamos de sujetarnos los pechos que no cesan en su traqueteo con la mano libre que nos queda, acompañadas todo el trayecto por risas y carcajadas que liberan de penas el alma.


domingo, 29 de julio de 2012

II. No hay nada como el verano


Las mañanas veraniegas son como las mañanas de domingo pero todos los días.
Te despiertas con una absoluta tranquilidad..., sabes que puedes retozar en la cama sin prisas, y hacer todo con calma y serenidad. En verano, hay tiempo para todo, los días son infinitos y las noches frescas, infantiles y especiales.

Algunas mañanas me despierto y escucho a alguna vecina que está limpiando su puerta: barre, pero para no levantar mucho polvo, riega el suelo con agua, pero no con una regadera, no, una cubeta de agua y con su propia mano va echando agua aquí y allá..., y estando en la cama, viendo como los rayos matinales se filtran por las rendijas y escuchando el chapotear del agua, creo que no hay mejor despertar.


Esta tarea femenina de barrer las puertas es una tarea diaria, y no suele hacerse por las mañanas, es una tarea vespertina, puesto que después de refrescar el suelo, salen todas las sillas a la puerta y sus dueños con ellas y..., a tomar el fresco.

Mi calle es una cuesta empinada y larga, y yo vivo en la parte más baja de la cuesta, ya en lo llano, y si miras hacía arriba ves como todas las puertas están llenas de grupos de gente, sentados, charlando de forma distendida, como es lo normal en el verano.

No ha anochecido aún hoy, creo que ya es septiembre, y ya el verano da sus últimos coletazos, pero no importa, porque todos nos aferramos a ellos y tratamos de disfrutarlos lo máximo posible antes de que llegue de nuevo la oscuridad y el frío.

Aunque no haya anochecido hay muchos vecinos en sus puertas, sentados en sus sillas. Hace no mucho rato, tuvimos espectáculo y emoción, como siempre, había pasado una manada de toros hacía el sur, o sea, la calle para arriba. Y ya todos estamos tranquilos al fresco. Cuando, de pronto, se oye un grito alarmado, desencajado y desesperado:


- ¡¡¡¡¡¡UN TOROOOOOOOOOO!!!!!!!    ¡¡¡¡¡QUÉ HAY UN TOROOOOOOOOOOOO!!!!!!

No se piensa, no se pregunta, no se espera a nadie..., los pies dan patadas en el culo y tratas de guarecerte donde sea y como sea, da igual a quién te lleves por delante.

No recuerdo donde estaba ni lo que estaba haciendo, solo las voces y que todo el mundo corre despavorido a sus casas, cerrando puertas a cal y canto.

No he visto el toro, cuando he llegado a la ventana y me he asomado solo he visto una calle desierta con las sillas todas tiradas por el suelo, cual pueblo fantasma del oeste, solo faltaba la ráfaga de viento y las "brozas" redondas bailando de un lugar a otro.





martes, 17 de julio de 2012

I. No hay nada como el verano




Dormir hasta tarde por la mañana, estar por la noche en la calle hasta más tarde aún. Todos los vecinos fuera "tomando el fresco", gente y más gente, jaleo y niños corriendo de aquí para allá. Entre ellos yo.

Hay ciertas cosas que me indican que ya ha llegado el verano: nos dan las vacaciones en el cole y no hay que estudiar ni hacer deberes, hace todos los días sol  y calor, pero hay una, hay una que es superespecial y sólo pasa en mi pueblo y en mi calle.

Mi calle es una cañada real, (y ahora también sé que es el Camino de Santiago), y si seguimos la calle, cuando ya se hace camino,  hacia abajo, digo yo, pero, en realidad, es dirección Norte, llegamos hasta un puente romano..., si es que mi calle es  muy especial, ya lo digo yo.

Me han explicado que una cañada real es un camino por el que suele viajar el ganado, para ir de un lugar a otro cuando cambia la estación, en busca de pastos que comer. Pero el ganado que pasa por aquí..., no es cualquier ganado.

Está recién entrada la mañana y nos despierta un sonido muy particular..., a lo lejos se oyen los cencerros que cuelgan del cuello de los toros mansos que abren la comitiva especial que se acerca..., los toros bravos de algunas ganaderías muy importantes..., y unas voces de niños y vecinos que anuncian su llegada, y con ella, definitivamente, el verano:


-¡¡¡QUÉ VIENEN LOS TOROOOOOSSSSSS!!!



lunes, 2 de julio de 2012

Amigas en invierno


Son casi las diez de la mañana, hora de entrar al cole, y ya estamos todas las niñas en el patio del colegio, esperando...
Esperando a que suene en el altavoz que hay en la pared junto a la capilla la música que todas las mañanas se repite..., El lago de los cisnes de Tchaikosvky, aunque, a veces, también suenan Las cuatro estaciones de Vivaldi.
Cuando suene se acabó la tontería, cada una a colocarse en su fila, derechitas y formalitas para cuando la señorita nos indique ponernos en marcha, casi militar, y dirigirnos a nuestra clase.

A mi no me molesta, porque en la fila nos colocamos por orden de estatura, y el primer puesto siempre nos lo estamos disputando dos de mis amigas y yo. Unas semanas es una, otras es otra. No sé si seremos amigas por afinidad de estatura o de carácter, que sería lo más normal, quizás una cosa influya en la otra.

Me gusta llegar al cole y saber que en cuanto suene esa música tan seria que solo escucho allí, mis amigas y yo nos cubrimos las espaldas en nuestra entrada al que será nuestro espacio el resto de la mañana y de la tarde.

Yo suelo tomarme las cosas muy en serio, y mi amiga Loli me va a contar un secreto sobre algo que le pasó ayer. Me hace prometer, jurar no, que nos lo tienen prohibido las monjas, que no se lo contaré a nadie, y, por supuestísimo, que no me ría.

Estamos en mitad del invierno y hace un frío que pela, como es normal en este pueblo mío, que no entiendo por qué la gente que viene de fuera siempre piensa que aquí hace mucho calor, parece ser que es que en Andalucía siempre lo hace, pero mi pueblo, aunque todas repetimos nuestra dirección del siguiente modo:

Yo vivo en la calle tal, de Alcalá la Real, Jaén, Andalucía, España, Europa, la Tierra, Sistema solar, Vía Láctea, el Universo...,

e incluímos Andalucía en la retahíla, debe ser un poco rebelde y no se deja llevar del qué dirán porque aquí, como ya dije antes, hace un frío que cala hasta los huesos.

Ayer por la tarde corría un airazo que se llevaba volando paraguas y más cosas según estoy apunto de enterarme.

Mi amiga Loli, con la que me disputo el cariño y la atención de mi otra amiga, Dori, lo que nos lleva a tener nuestros rifirrafes, es muy muy delgada y vive en la parte más alta de una calle que es muy larga y muy empinada. Ayer cuando subía del colegio con el airazo que corría tuvo que agarrarse a una reja porque se la llevaba el aire.

Me estoy imaginando a mi amiga agarrada con una mano a una reja,
y todo su cuerpo flotando y danzando, suspendido en el aire, al son que dicta el viento...

...es la primera vez que falto a una promesa...

esta no es la primera vez que lo cuento, y,
¡¡¡No puedo dejar de reiiiiirrrrr!!!